¿Barro sí? ¿Barro no?

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Dudaba si dejarle entrar en el charco o no. Dije: No Tomás pero pasó de mi y se metió. Enseguida tenía los zapatos mojados. Y luego de la emoción se cayó y se mojó todo. Yo miraba sin saber si tenía que sacarlo o no. Pero al final decidí pasar y dejarle ensuciarse y mojarse de pies a cabeza. Para limpiarle luego estuvimos un buen rato porque se le había metido barro hasta en las orejas.
Tengo que decir que los niňos hacen muchas cosas que en el fondo me gustaría hacer a mi. Y aquí os confieso, y estoy orgullosa de ello, que a veces me como la ensalada con las manos. (sin niňos mirando, claro.)

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